La repetición mensual de accidentes mortales: Parte I

IMG_7312.JPGDe vez en cuando, aparece un sapo frente a mi casa, “aplastao” y “tostao”, se llama el sapo concho, es una especie puertorriqueña y está en peligro de extinción. Ver al sapo concho tan fino como un papel frente a mi casa no tiene precio. Es como si la naturaleza me ofreciera un material de primera clase para hacer mi arte. Sus muertes son un dibujo en mi mente.

Estoy buscado constantemente este tipo de experiencia; la textura del disgusto y lo extraño, son parte de mi obra. La experiencia de mirar, tocar, investigar y aprender de ello es iluminador.  A veces, necesitamos escapar de nuestra conformidad para trascender a través de nuestros pensamientos.

La artista puertorriqueña Elizabeth Robles trabaja con piezas en las que confronta este “mirar lo terrible”. Su pieza Variaciones de Verdever (2015) es una instalación que consiste de tres partes. Esta pieza está infestada de oscuridad que refleja un estado inquieto, comprimiendo los estados de la vida en un solo trabajo. Por el contrario, el aroma de la pieza nos invita a olerla. Están hechas de cera de abeja, metal, madera, tela y pigmento. La cera de abeja le otorga a la pieza una fragancia atractiva, esto es lo que más contrasta con su apariencia. En su textura y coloración hay una noción de mutación y descomposición. Robles examina la vida y la muerte, cuestionando la certeza y nuestro conocimiento científico.IMG_7239

8Ese reconocer el asco es un volver constante en mi obra. Un ejemplo lo es Perfecta (2008) de la serie fotográfica las Agonías. Esta foto representa a una mujer físicamente enferma y emocionalmente perturbada. En Perfecta, una mujer profesional regurgita en su propio trabajo o evidencia. Su frontalidad es explícita como si alguien estuviera presente frente a ella. A lo mejor, es esa la razón de su reacción. ¿Acaso nosotros no exponemos nuestros adentros en nuestro día a día? ¿Nos importa observarlo? Esta escatología es una forma de comunicar cosas, para reconocer nuestros miedos, es como buscar en nuestro propio excremento. Para luego volver a tirar lo no deseado, es una reacción natural, al menos en  nuestro cuerpo.

Cuando encontramos a una mujer golpeada, violada o asesinada en las noticias, también develamos un hambre por conocer. Sentimos la rabia y la impotencia, la incapacidad de resolver los problemas sociales de nuestra situación. En el estado cotidiano nuestros miedos se materializan en el sapo concho. En algunos casos, nuestro sentimiento es tan real que tenemos que bajarnos y examinar de cerca lo abyecto.

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